¿Los hombres no lloran?

Artículo escrito por Gabriela Muñoz Huamaní (Perú)

El paradigma masculino tradicional les enseña a ocultar los sentimientos, a camuflar la debilidad y a sufrir en silencio.

La rigidez de la masculinidad tradicional impone normas estrictas que requieren que los hombres sean fuertes, emocionalmente independientes y exitosos en el ámbito profesional. Esta presión social ejerce un impacto significativo en la salud mental masculina, obligándolos a reprimir sus emociones y evitar buscar ayuda para problemas psicológicos.

En los últimos años, ha habido un aumento en la atención prestada a la salud mental de los hombres. Históricamente, la sociedad ha impuesto expectativas sobre cómo los hombres deben comportarse, como la creencia de que expresar emociones «débiles» o llorar es inaceptable. Sin embargo, esta represión emocional puede ser perjudicial para su bienestar psicológico, ya que puede conducir a problemas como la depresión, la ansiedad y el estrés.

Normas de Masculinidad Tradicional y su Impacto en la Salud Mental

Investigaciones muestran que la conformidad con las normas tradicionales de masculinidad está relacionada con problemas de salud mental como ansiedad, depresión y estrés crónico. La expectativa de mantener una fortaleza extrema puede llevar a la supresión de emociones legítimas, contribuyendo a un estado de salud mental precario.

En términos generales, es común observar que a los hombres no les resulta sencillo abordar temas relacionados con la salud mental, y mucho menos buscar tratamiento para ello. La salud mental, sin embargo, no hace distinciones. Condiciones como la ansiedad y la depresión pueden afectar a cualquier individuo. A pesar de ello, se ha observado que los hombres son menos propensos a buscar ayuda profesional para tratar sus síntomas en comparación con las mujeres.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa global de suicidios es aproximadamente tres veces mayor en hombres que en mujeres. En muchos países, la tasa de suicidios es más alta entre hombres de mediana edad.

Según Mental Health America, 6 millones de hombres se ven afectados por la depresión en los Estados Unidos cada año.

La depresión y el suicidio se clasifican como una de las principales causas de muerte entre los hombres y, sin embargo, es mucho menos probable que busquen tratamiento de salud mental que las mujeres.

En la sociedad contemporánea, los hombres experimentan una presión constante para cumplir con los estándares tradicionales de masculinidad. Esta presión no solo influye en la percepción de su identidad, sino que también deja una profunda marca en su salud mental. 

Desde tiempos inmemoriales, la masculinidad ha estado sujeta a estándares que dictan la conducta deseada de los hombres. Este molde rígido ha esculpido la percepción de lo que significa ser «un hombre de verdad»: fuerte, independiente emocionalmente y triunfante en el ámbito profesional. Sin embargo, esta noción preconcebida de masculinidad no solo ha persistido a lo largo del tiempo, sino que también ha creado un entorno propicio para la presión social.

A pesar del creciente diálogo sobre la salud mental, los estigmas persisten, especialmente entre los hombres. La percepción de la vulnerabilidad emocional como una debilidad ha dificultado que muchos hombres busquen la ayuda que necesitan. Romper con estos estigmas se vuelve esencial para fomentar un entorno en el cual los hombres se sientan cómodos al expresar sus preocupaciones emocionales.

A medida que avanzamos en una era que valora la inclusividad y la comprensión, es fundamental que la conversación sobre la salud mental masculina continúe expandiéndose. Al desafiar los estándares tradicionales y romper con los estigmas, podemos trabajar hacia un futuro donde la salud mental sea un tema abierto y aceptado para todos, independientemente del género.

Superar esta dinámica tóxica es imperativo si aspiramos a un mayor bienestar y felicidad. Es crucial poner sobre la mesa y normalizar la salud mental, hablar abiertamente al respecto y perder el miedo a mostrar vulnerabilidad. Los hombres también experimentan emociones, miedos y frustraciones, y es esencial que hablemos de ellas, se comuniquen y soliciten ayuda cuando sea necesario. Reconocer que no pueden enfrentar todo no los hace menos hombres, sino que los fortalece como individuos.

¿Qué es la masculinidad hegemónica y cómo afecta la salud mental?

La masculinidad hegemónica se refiere a los comportamientos, actitudes y creencias de que el hombre es el fuerte, proveedor, competitivo, el que ejerce control sobre otros y quien nunca debe mostrarse vulnerable, pues esto le haría débil.

En términos generales, la masculinidad hegemónica promueve la idea de que los hombres deben ser fuertes, dominantes, exitosos, competitivos, emocionalmente controlados y sexualmente dominantes. Cualquier desviación de estas normas puede ser vista como una amenaza para la masculinidad hegemónica y, por lo tanto, para el estatus social y la identidad masculina de un individuo.

Esta presión para cumplir con las normas de la masculinidad hegemónica puede tener un impacto significativo en la salud mental de los hombres. Al sentirse obligados a cumplir con estas expectativas, muchos hombres pueden experimentar estrés, ansiedad, depresión, baja autoestima y otros problemas de salud mental. La necesidad de reprimir emociones consideradas «débiles» o no conformes con la masculinidad hegemónica puede llevar a una mayor angustia emocional y dificultad para buscar ayuda cuando sea necesario.

Es crucial desafiar estas normas de género y promover la idea de que está bien que los hombres expresen sus emociones y busquen ayuda cuando la necesiten. La masculinidad tóxica, que promueve la idea de que los hombres deben ser fuertes y reprimir sus sentimientos, puede ser perjudicial para su bienestar emocional y psicológico.

La nueva masculinidad y la salud mental

La masculinidad hoy no tiene sólo una forma de expresión, existen diferentes formas y posibilidades para expresarla y para vivirla, por esto se habla de las “nuevas masculinidades”, éstas que buscan romper con la impostura única y rígida que se instauró en un pensamiento que exige a los hombres sostener un papel en el que jamás pueden mostrarse vulnerables, aun tratándose de temas de salud. 

También, es cierto que a lo largo de la historia y en diversas culturas, ha habido ejemplos de hombres que lloran y que este acto no siempre se ha considerado como una muestra de debilidad, sino que incluso se ha asociado con la nobleza, la fuerza y la virtud en ciertos contextos.

Por ejemplo, en la literatura medieval, se encuentran ejemplos de caballeros que lloran como parte de su expresión emocional y como un símbolo de su humanidad y compasión. En la épica clásica como la «Ilíada» de Homero, se describen momentos en los que los guerreros lloran por la pérdida de sus seres queridos, lo que refleja la complejidad de las emociones humanas en situaciones de conflicto y tragedia.

En la cultura japonesa, los samuráis, que eran vistos como modelos de honor y valentía, también tenían momentos en los que se les permitía mostrar sus emociones a través del llanto, especialmente en contextos de despedida o de pérdida.

Incluso en los textos religiosos, como la Biblia, se encuentran ejemplos de profetas y figuras religiosas que lloran como expresión de su conexión con lo divino y su compasión por la humanidad.

Además, es fundamental tener en cuenta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define «salud» como el estado completo de bienestar físico, mental y social. Esta definición nos lleva a considerar la salud mental como un estado integral de bienestar emocional, psicológico y social. Al seguir respaldando estos conceptos que abogan por la plenitud o la ausencia de afecciones, corremos el riesgo de convertir la salud mental en una meta inalcanzable, dejándonos atrapados en la ilusión de la perfección.

Cuestionar las normas de masculinidad desencadena una cascada que revela la complejidad de nuestro sistema basado en construcciones irrealizables. Estas expectativas, lejos de promover el bienestar, a menudo nos enfrentan a dilemas difíciles de resolver. La búsqueda del bienestar se convierte entonces en un proceso continuo de autoevaluación y conciencia. La salud mental se convierte en una responsabilidad que se construye al cuestionarnos y actuar en consonancia con nuestras reflexiones más profundas. En última instancia, es al abrazar nuestra complejidad y aceptar nuestras imperfecciones que podemos encontrar el camino hacia un verdadero bienestar mental.

En conclusión, la presión impuesta por las normas de masculinidad tradicionales tiene un impacto significativo en la salud mental de los hombres, llevándolos a reprimir sus emociones y evitar buscar ayuda cuando la necesitan. A pesar de los avances en la concienciación sobre la importancia de la salud mental masculina, persisten estigmas que dificultan que los hombres busquen el apoyo necesario.

Es fundamental desafiar estas normas de género y promover una cultura que fomente la expresión emocional y la búsqueda de ayuda sin temor al juicio o la estigmatización. La adopción de un enfoque de «nuevas masculinidades» que reconozca y celebre la diversidad de formas en que los hombres pueden expresar su masculinidad es esencial para crear un entorno más comprensivo y solidario.

Al desafiar los estándares tradicionales y promover una conversación abierta sobre la salud mental masculina, podemos trabajar hacia un futuro donde todos los hombres se sientan libres de expresar sus emociones y buscar el apoyo que necesitan sin temor al estigma o la discriminación.

Reconocer y aceptar nuestras complejidades y vulnerabilidades es esencial para el bienestar mental de todos los individuos. Al fomentar una cultura de apertura y aceptación, podemos construir una sociedad más saludable y compasiva que valore y promueva la salud mental de todos, sin importar su género.

Fuentes:

Wittig, Monique. (2016) El pensamiento heterosexual y otros ensayos. Egales Editorial, Barcelona. 3ª edición.

Lugo, G. (2018, septiembre 13) Hombres consideran ir al médico una amenaza a su masculinidad. Gaceta UNAM.

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